‘Harry Potter y el Sextante de Plata’: Capítulo 8!


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Justo cuando ha iniciado el curso escolar en muchas partes del mundo, continuamos llevando a ustedes esta diversión que es El Sextante de Plata. Será todo un reto continuar con las entregas; pero lo aceptamos. Otra fan ha sido escogida para escribir  nuestro capítulo. De verdad nos gusta despertar en ustedes las ansias artísticas.

Anteriormente en Harry Potter  y el Sextante de Plata:

  • Tras 19 años de vencer a Lord Voldemort, Harry y Ron trabajan en el Departamento de Aurores.
  • Algún mago oscuro ha enviado mensajes a Harry mediante un curioso instrumento: un sextante de plata.
  • Con Ginny herida por un montón de jugadores de Quidditch hechizados,  y George también, ahora llega un nuevo reto…

Lumos…

Bienvenidos al

 

Capítulo 8

A la luz dela Luna

Por BatLumos 99 y Tomas Marvolo

 

Cuando Angelina Johnson entró en la sala, se encontró a George mirando al vacío con los ojos ausentes, como si su parte consciente se hubiera desconectado. Se acercó a él, y le dio un golpecito para llamar su atención. Giró la cabeza para ver quien le había dado, y se encontró con una hermosa Angelina que le miraba con preocupación. George recordó entonces la intervención que hizo en el ataque a la tienda, y se sintió mal por haberla preocupado. Se miraron mutuamente, como para comprobar lo que había quedado de ellos. Angelina seguía siendo igual que antaño, una joven alta y de piel negra, peinada con una básica coleta. Aunque George la veía a diario, nunca la había visto tan deslumbrante, aun con el semblante de preocupación que llevaba. Quizás fuera porque había estado cerca de morir, pero en ese momento no le importaba. Pasados unos minutos, Angelina rompió esa aura de complicidad, casi titubeando.

—¿Qué tal estás?— le preguntó dulcemente

—Mejor. Gracias a ti, hubieras estado firmando mi herencia—bromeó George con intención de aligerar la situación, pero supo que aquel no era el momento.

—Los niños están enla Madriguera—aclaró Angelina

—Estarán bien, a mi padre siempre le ha gustado enseñarles tostadoras y motores.

Siguieron unos minutos de evidente tensión. George ya sentía la frase en la boca de Angelina, y se preparó para afrontarlo. Si lo superaban, sería la prueba definitiva.

—George, tenemos que hablar. Se que no es el mejor lugar, pero si no ya no tendremos tiempo—soltó Angelina con voz pausada y tranquila, aunque se entreveía que estaba hecha un manojo de nervios.

—No, a mi también me parece el mejor momento. Se que no hablamos mucho, y este es el mejor momento

—Mira, algo no funciona aquí. Lo he intentado llevarlo con paciencia, pensando que pasado un tiempo, acabarías por cambiar, pero la situación no ha cambiado—

A George le sentó como una ducha de agua helada. Sabía que Angelina sacaría el tema, pero igualmente le dolió, aun sabiendo que era cierto lo que demandaba.

—Angelina, yo… no quería hacerte caer como yo, por eso me refugié, para que no tuvieras que sufrir por mí—dijo George lentamente, como si le costara mucho trabajo asumir la cruda realidad

—Y no crees que así es peor, que si me dejaras podría ayudarte. Has estado llorando la muerte de tu hermano estos 19 años. Nos separamos a un año de casados, pues nuestro matrimonio parecía ser menos importante. George, te necesito conmigo. No puedo hacerlo sola, y si no haces algo, entenderé que prefieres morir amargado por su muerte—le contestó Angelina, claramente exasperada por el tema, y al hacerlo mostrara su desesperación.

Aunque era completamente verdad, George se enfureció al oír hablar a su esposa con esa ligereza de la muerte de Fred. Pensó en dejarla marchar, y vivir con el luto de George sin el escepticismo de Angelina. Justo cuando se lo iba a decir, se le hizo un enorme nudo en el estómago, y una voz en su interior comenzó a gritar. Le decía que no podía abandonarla, y George se sintió atado a dos personas, o Fred o Angelina.

El silencio volvió a la sala, y Angelina esperaba la decisión de George con un peso en el corazón. Angelina seguía enamorada de George, pero la situación se había hecho inaguantable. Aprendió a vivir sola, y a criar a sus hijos sin su esposo. Los dos sabían el sufrimiento del otro, pero no hablaron, solo se miraron, sin pestañear casi.

Sin previo aviso, los dos se fundieron en un beso apasionado. Los dos explotaron de felicidad, porque sabían que podrían superarlo. No existía el pasado ni el futuro, solo el presente, y marido y mujer lo disfrutaron, adivinando mutuamente los pensamientos del otro en un ejercicio perfecto de complicidad. Sus labios siguieron unidos, y cuando pararon a respirar, una sonrisa fulgurante iluminó el rostro de Angelina, lo que le dio fuerzas a George para dar el siguiente paso.

—Lo siento mucho, Angelina. Se que no te he tratado como merecías, y prometo cambiar si me das otra oportunidad. Me afectó mucho su muerte, y me casé contigo pensando que tu amor me recompondría, pero he sido estúpido por no dejarte ayudarme. Lo superaré, y volveremos a ser una familia— declaró un George radiante, un George que, por primera vez, creía en el amor.

Lo único que atinó a decir Angelina fue un confuso perdón mientras se le anegaban los ojos de lágrimas y se abrazaban, como un renovado amor que había superado la mayor barrera posible.

Ajenos a esta declaración, se encontraban Harry, junto a Ron y Hermione, que seguían enfrascados en el sextante. Lo utilizaron de todas las formas, y no había ocurrido nada. Hermione no se daba por vencida, y seguía introduciendo contraseñas en el aparato, pero Harry y Ron se habían distendido hace rato. Se sentaron en unas sillas del salón dela Madriguera, mientras Arthur Weasley ponía en marcha una batidora para enseñársela a Fred y Roxanne. Llevaban días estancados en la investigación, y la única pista que tenían era el sextante.

—Deberíamos pasar a la acción y rastrear al mago, como en los viejos tiempos—suspiró Ron recordando las cazas que llevaban a cabo los aurores contra los enemigos.

—La única pista que tenemos es el sextante, y si lo hiciéramos solo conseguiríamos que el mago se asustara y se diera la fuga—le aclaró Harry a su amigo una vez más.

Pronto llegó Hermione, que ya se daba por vencida. Se sentó al lado de Harry, y escucharon el ruido de la batidora y los murmullos de admiración de los chicos. Para matar el tiempo decidieron recapitular y rememorar los hechos.

—A ver, el primer acto fue en Grimmauld Place, con el perro y los cuerpos—empezó Hermione

—Luego fue lo del partido y lo de Ginny—siguió Ron

—Y por último, el interrogatorio y el ataque a la tienda—concluyó Harry

El efecto que tuvo la última palabra sobre Hermione fue espectacular. Se levantó de la silla, y miró emocionada a Harry y a Ron

—Eh, un momento. ¿No oísteis a alguien mencionar a Dolohov durante la pelea?—preguntó Hermione repentinamente

—Sí, es verdad— confirmó Ron viendo adonde quería ir Hermione

—Pero no creeréis que fue él, ¿verdad?—preguntó Harry decidido aun a no juzgar a Edgar por su parentesco

—Vamos, Harry. Los mortífagos lo llevan en la sangre. Deja de fingir que Edgar es inocente, y vamos a decirselo a Kingsley para que lo arresten—dijo Ron triunfante

—Espera, ¿y si no es él? Quedarías en ridículo y posiblemente se nos escaparía una las únicas pistas que tenemos. Ya me ocuparé yo de eso—repuso Harry

—Está bien. Pero si muestra un lado oscuro, a Azkaban con él—cedió Ron resignado

Siguieron con la investigación, y Hermione se retiró con el sextante al jardín. Harry y Ron se quedaron solos mientras la luz diurna daba paso a la penumbra.

—Oye, ¿Qué ha sido de Verity?—preguntó Harry

 —Nada interesante. La encontraron en su casa, traumatizada. La llevaron  a San Mungo, y allí seguía repitiendo lo mismo: “El resultado de los dos sucesos anteriores llevarán al cuarto”, “El resultado de los dos sucesos anteriores llevarán al cuarto”—dijo Ron en una perfecta imitación del tono cínico de Verity, que provocó una carcajada general. Harry seguía pensando en Verity cuando de pronto se dio cuenta del verdadero sentido de la frase.

Salió corriendo al jardín, y cuando llegó a la altura de Hermione, que se había retirado a las lindes de la Madriguera, la llamó casi chillando de la emoción

—Hermione —dijo Harry antes de que Hermione le preguntara nada— ya se que tenemos que hacer. No recuerdas el mensaje de Verity. “El resultado de los dos sucesos anteriores llevarán al cuarto”. Significa que tienes que sumar los resultados del partido y de la tienda, y nos dirá donde ocurrirá el siguiente ataque—explicó Harry apresuradamente. Ron había alcanzado a su amigo hace unos segundos, y escuchó la explicación de Harry. A Hermione se le iluminó el rostro

—¡Claro, tenemos que sumar las coordenadas! La del partido era 150— recordó Hermione embargada por una intensa emoción— y la de la tienda era 19— se puso a introducir las nuevas coordenadas en el sextante, y en cuanto comenzó a brillar, se lo tendió a Harry. Este, sin más miramientos, se acercó la mira al ojo.

De pronto, vio a un león que le miraba fijamente, tan real que Harry se apartó asustado. La imagen se agrandó y pudo ver a muchos más animales. Pasados unos segundos, los animales dieron paso a un claro donde una persona sin rostro contemplaba la luna llena, cerca de los animales. Como si alguien hubiera apagado la retransmisión, la imagen se apagó con un destello. Se apartó del sextante, y pudo ver a sus amigos mirándole de hito en hito.

—Había animales, muchos, y luego había una persona mirando la luna—aclaró Harry

— Por las barbas de Merlín, Harry. Los animales, la luna… Está claro ¡Van a ir a por Luna!— explicó Hermione pasado un rato

El trío se dio cuenta del peligro que corría su amiga, y se miraron como para decirse que no la dejarían sola.

Se alejaron de las praderas y volvieron a la Madriguera, con un nuevo peso en su conciencia.

                                                             ***

Por la mañana, Harry se despertó al alba, y se desapareció en el jardín sin que nadie lo viera. La opresiva oscuridad dio paso a un paisaje llano y plagado de casas idénticas. Harry supo enseguida que había llegado a su destino: Hogsmeade. Con paso decidido, se dirigió al pub Cabeza de Puerco. En cuanto entró, un fuerte olor a cabras le dejo ido, y el tabernero le echó un vistazo al forastero, y cuando supo que era Harry, le condujo a la estancia del retrato de Ariana, como en la Batalla de Hogwarts.

—Chico, me alegro de verte. ¿Qué te trae por aquí?—preguntó Aberforth Dumbledore.

—Necesito entrar en Hogwarts—

—¿Y porque no utilizas la puerta grande? Todos estarán deseosos de verte—

—Necesito entrar de incógnito—aclaró Harry

Aberforth dedujo que iba en serio, y le murmuró algo a Ariana. El retrato se abrió, y dejo al descubierto un pasadizo. Harry entró por él sigilosamente, como si alguien le espiara.

Minutos después, Harry abrió la puerta de la Sala de los Menesteres, sabiendo que sus hijos se encontrarían allí practicando hechizos.

En cuanto puso un pie en la sala, sus hijos giraron la cabeza, y al verle, corrieron hacia él emocionados.

—Papá, ¿Qué haces aquí?—preguntó Albus mientras Lily le abrazaba y James llegaba a su lado.

—Necesito que me hagáis un favor—dijo Harry a la vez que cogía a Lily y la dejaba en el suelo

—Haremos lo que sea—dijo James, orgulloso porque su padre le eligiera para hacer un recado

—¿Sabéis quien es Edgar Dolohov?:—Lily asintió por sus hermanos— Bien, pues necesito que lo vigiléis—continuó Harry

— ¿Es un sospechoso?—preguntó Lily, acostumbrada a las operaciones de su padre

—Posiblemente. Tenéis que seguirle, y sin que os vea, o sospechará.

—Por cierto, ¿mamá esta mejor?—preguntó James repentinamente preocupado—No nos dejan volver a verla—.

—Sí, se encuentra mucho mejor.

— Por cierto, papá, Circe nos ha dicho que te ha conocido.

— Sí, Albus. Ella me salvó la vida.

— Ella era novia de Edgar Dolohov — dijo James con un dejo de desprecio en su voz.

— Muy bien. Necesito que la traigan lo más rápido posible. Ella…

Harry no pudo terminar la frase porque sus hijos se dieron cuenta de que una nutria plateada se había posado en el centro de la sala, y con la voz de Hermione, comenzó a hablar:

—Luna ha desaparecido.

Esperamos que el capítulo de hoy les haya gustado. Recuerden escribirnos a hpsextante@gmail.com con sus propuestas de próximo capítulo. Además, sígannos en Facebook, donde habrá concursos y se publicarán los mejores escritores de Fanfic de los que lleguen a nuestro email y también en Twitter

Si te los perdiste, aquí puedes encontrar los capítulos anteriores:

Nos vemos el viernes…

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Tomas Marvolo

Estudio periodismo en la Universidad de La Habana, escribo novelas y trabajo como periodista en CMBF Radio Musical Nacional. Potterhead!

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