‘Harry Potter y la Ruptura del Vínculo’: Capítulo 10!


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Definitivamente, si un capítulo de esta his toria se aleja del estilo de Rowling es este. Sin embargo no es intención nuestra imitarla, sino darle vida a sus personajes en nuevas aventuras. El de hoy puede resultar un tanto confuso, pero es el que comienza el climax que conducirá esta historia y, tal vez los Fanfics colaborativos, a su final. No los demoro más:

Capítulo 10

Malfoy, Potter, Granger, Weasley, Lupin

Draco Malfoy había aparecido oportunamente en el camino de Ginny Weasley por primera vez en su vida. Durante el tiempo que habían pasado en Hogwarts como estudiantes jamás tuvieron las mejores relaciones; pero desde que Harry, más tarde esposo de la Weasley, salvara a Malfoy, la posición de este último había cambiado en relación con la familia de pelirrojos…y de Potter.

Había lanzado alguna que otra sonrisa furtiva o gesto de saludo a Ginny cuando la encontraba en King’s Cross llevando a sus hijos a la escuela, y hasta habían tenido una conversación amable en la tienda de Ollivander en cierta ocasión.

No podría decirse que Draco se hubiera hecho amigo de Ginny, para nada: ahora estaban en la categoría de conocidos no hostiles. Por eso cuando vio su rostro por los pasillos del Ministerio, tuvo un arranque de confianza y le contó al rubio todo lo que estaba ocurriendo con Harry, su hermano, su cuñada y su ahijado en Albania.

«A pesar de todo, Draco» había dicho Ginny al terminar su historia «fuimos compañeros de clase, y ahora nuestros hijos asisten a la misma escuela. Supiste elegir el bien al final, tarde, pero seguro. Te ruego que me ayudes»

«Siempre fui un tonto, Weasley» dijo en tono despectivo Malfoy. Luego siguió su camino y casi al final del pasillo exclamó: «Pero esta vez haré bien las cosas».

Después de eso Draco hizo la aparición más difícil de su vida. Atravesar varios países no era tarea fácil, ni siquiera para un mago adulto. Hizo apariciones aquí y allá, luego tomó un Traslador rumbo a Grecia y finalmente siguió las no pocas huellas que dejara Harry a su paso.

«Camina por el bosque, donde los árboles son rojos» le había dicho Ginny antes de que él se perdiera en los confines del Ministerio. ¿Qué quería decir aquello?

Malfoy lo supo enseguida: cuando Ginny había escapado, Teddy lanzó un hechizo “Periculum” que dejó una señal de chispas rojas en el cielo. La esposa de Harry agitó su varita y creó una estela rojiza también sobre los árboles que guiaba hasta el origen del hechizo de su ahijado.

El rubio no podía negar que Ginny, después de todo, era mejor hechicera, jugadora de Quidditch y persona de lo que él esperaba. Así era la vida, y ahora estaba allí, a miles de kilómetros de distancia de su familia, arriesgándose por su enemigo de la niñez. ¿Acaso era una buena persona? ¿Acaso se había vuelto tan debilucho de carácter como los Potter? ¿Acaso su vida entera era una mentira y éste era el real Draco Malfoy, que ayuda a los demás e intenta mantener el equilibrio a favor del bien?

Cuando por fin se hallaba cerca de un enorme castillo, se encontró con un oponente bastante fuerte: Dakerov. Al acercarse a él, sintió que murmuraba algo en idioma extraño, albano de seguro. Luego, ante la falta de reacción, el guardia habló en inglés, un primitivo inglés:

—¿Quién va?

—Amigo —gritó Draco y luego, con un ágil movimiento de varita lanzó un rayo de luz roja a su oponente. Pero no por gusto Dakerov estaba en la guardia personal de Circe. Tenía ciertas aptitudes para las más terribles maldiciones, y Draco lo supo cuando un rayo de luz verde pasó zumbando cerca de su oído.

—¿Eso es lo que tienes? —dijo el rubio, con su habitual inexpresividad. Lueg comenzó un combate de elegancia extraña: mientras Malfoy agitaba su varita y se movía como todo un lord inglés, por la elegancia y las maneras en que blandía su arma; Dakerov, por su parte poseía un estilo un poco más libre, daba giros y movía la varita como si fuera uno de esos sables árabes curvos. Grandes llamaradas de fuego salían de la punta de la varita de Dakerov, que adquirían las más disímiles formas y tamaños, y a Draco le costó un poco evitar las quemaduras. Se dedicó primero a esquivar los ataques de su enemigo, y luego aprovechó una gran llamarada en forma de tigre para contenerla y lanzarla de vuelta al albano.

Dakerov falló. Pensó que el tigre detendría a Draco por unos segndos, no que este último se lo lanzaría de vuelta y, ante una cucharada de su propia medicina, sucumbió. Cayó al suelo, y el tigre parecía tener vida propia, intentaba lanzarle zarpazos al rostro. Malfoy, por su parte pronunció levemente «Finite Incantatem» y el animal ardiente se esfumó, no sin antes dejar una explosión pequeña que dejó aturdido a Dakerov.

Con el guarda de Circe fuera de combate, Draco le quitó la capa y lo dejó atado a unas cuerdas encantadas. Luego tomó la varita de su contrincante y la escondió en sus bolsillos. Él, para variar, iba vestido con un elegante traje que ahora tenía las mangas algo chamuscadas, y su pelo blanquecino no estaba alisado uniformemente, sino que caían algunos flecos en su frente. Se secó el sudor del rostro y luego se colocó el atuendo de Dakerov.

Caminó por el bosque en dirección al castillo, con el rostro totalmente cubierto. Una vez allí empezó su actuación: alertó a los guardias de que había un intruso en las cercanías:

—Es en las inmediaciones del bosque, sentí varias voces… —dijo.

—¿Por qué llevas cubierto el rostro? —dijo a Malfoy uno de los guardianes.

—¿Qué te importa? —respondió —¡Corre, alguien intentará atacarnos! Yo le avisaré a la Primera Secretaria lo que está sucediendo.

Los guardias asintieron y corrieron en la dirección indicada. Sin embargo no eran estúpidos. ¿Desde cuándo Dakerov hablaba con ellos en inglés, y menos de manera tan fluida? Fingieron seguir las instrucciones de Malfoy y se ocultaron tras la maleza cercana para observarlo.

 Con la luz de su varita, Draco bajó las oscuras escaleras que conducían hasta las mazmorras, donde Harry Potter y sus compañeros estaban encerrados. Todos permanecían amarrados por las extremidades a una especie de marco, y unos espejos en el suelo los iluminaban con la luz plateada de la luna.

Al ver su silueta, Harry se puso a la defensiva:

— ¿Qué haces aquí Dakerov?

—Buena inicial, pero mal nombre. NOX.

La varita de Draco dejó de emitir luz y luego se quitó la capucha. Si hubiera tenido alguna cámara de El Profeta cerca hubiera vendido la expresión de Harry Potter para la portada de la mañana siguiente.

—No pensé que fuera a hacer esto de nuevo Potter—dijo Malfoy. Harry se recuperó del impacto y luego dijo:

— Parece que se está convirtiendo en costumbre. Aunque no lo creas me alegro de verte, Draco.

—¡Diffindo! —dijo el rubio apuntando a las ataduras de Harry. Nada ocurrió. Luego lo miró —Es una lástima que para mí no resulte tan agradable. ¡Relashio!

Tras un sonoro CLIC una de las manos de Harry quedó libre.

—Hazlo tú mismo —dijo Draco y le tendió su varita— Esta vez no te la quedes, Potter.

Harry hizo caso de Malfoy y sonrió ante la broma. Aún conservaba la varita  que le había arrebatado cuando los sucesos en la Mansión Malfoy, donde murió Dobby. Una vez libre, observó cómo draco libraba a Ron primero, por lo que el corrió hacia Hermione y Teddy. Al parecer las enseñanzas sobre la pureza de la sangre aún estaban muy dentro de la conciencia de Draco, pues dejó para últimos a la Sangre Sucia y al hijo del Hombre-Lobo.

Una vez libres los cuatro, se percataron de un hecho desventajoso: eran cinco y solo había un par de varitas.

—Draco —dijo Hermione sorprendida al verlo, tras tocarse las quemaduras que le había producido el roce con las cadenas— ¿Qué haces aquí?

—Salvarte, estúpida —dijo él como cortante respuesta y se dio la vuelta.

—Tenemos un par de varitas, Potter. No pienso dejar la mía a nadie, no confío ni en el Weasley ni en la Granger. Mucho menos en este transformista…

—Cuidado como me hablas —dijo Teddy furioso y su pelo adquirió un tono rojizo.

—¡Eso es! Teddy, tú eres un metamorfomago.

—Mi amor —dijo Ron en tono irónico— Eso ya lo sabíamos, ¿no?

—¡Ése es el punto! No lo hemos sabido aprovechar… Puedes lograr transformar tu cuerpo a tu antojo, ¿no Teddy?

—Pues sí. La profesora McGonagall me daba clases particulares. Ella pensaba que era fascinante cómo sin varita podía adquirir cualquier forma, y como es parte de mi naturaleza, las Transformaciones siempre fueron mi asignatura sobresaliente.

—Granger…siempre trayendo los deberes a todas partes, ¿no?— dijo Draco y Hermione le lanzó una mirada recordándole que en tercer año lo había golpeado, y podía repetirlo.

—Basta de discutir —dijo Harry algo enfadado. La presencia de Malfoy era definitivamente molesta por una parte, y necesaria por la otra, toda una contradicción.

—Sin entendí bien, Hermione —dijo Harry más calmado— Pretendes que Teddy altere su fisionomía para parecerse a alguno de los guardias, ¿no?

—No exactamente —dijo Hermione— Quiero que se transforme en Circe. Ése será nuestro boleto de salida. Malfoy o tú, Harry, pueden ir al dormitorio de ella a impedir que salga. No podemos arriesgarnos a combatir contra Circe, aún no sabemos qué habilidades concretas posee. El encantamiento de ilusión que hizo en navidades fue impresionante, único en su tipo.

—¿Cuál es tu idea, Hermione? —dijo Harry.

—Pues salimos de este lugar con Teddy de rehén, transformado en Circe, ¿comprendes? Les pedimos nuestras varitas a cambio de su vida y cuando las obtengamos pues…improvisaremos.

—¿Improvisaremos? ¿Ése es tu magnífico plan? —dijo Malfoy.

—¿Se te ocurre algo mejor?

—Muy bien. Yo iré al cuarto de la tal Circe —dijo Malfoy, tras arrebatarle su varita a Harry y darle la que había robado a Dakerov —Vigilaré y si algo sucede, pues me marcho sin mirar atrás. Los abandono. ¿Comprendido?

Harry, Ron, Hermione y Teddy asintieron. Draco se marchó cautelosamente rumbo a la habitación que, según le indicó Harry, suponía era la de Circe.

Fue entonces que Teddy comenzó a cambiar su color de pelo, afilar su nariz y palidecer su piel. Unos segundos más tarde, si bien no era una copia fiel, en la oscuridad era muy parecido a Circe. Harry se acercó a él y le puso la varita en el cuello. Aún llevaba ropa de hombre, por lo que Hermione terminó cambiando con él. No le quedaba muy bien, y su forma no era muy femenina por lo ancho de las espaldas, pero era su única opción. Tal vez Malfoy tenía razón y todo aquello era una locura o tal vez corrían con suerte y podían escapar a salvo.

Así salieron al medio de la sala del trono y, justo allí, los esperaban los soldados, en guardia. Cuatro hombres fornidos con sus varitas en alto.

—Apártense —dijo Harry, y luego de dejar que hicieran contacto visual con Teddy transformado en Circe lanzó un hechizo que dejó todo en penumbras.

—Su señora está a mi merced…Si alguien hace algo estúpido la mataré. Dejen sus varitas a un lado y siéntense alejados de la puerta, en el suelo.

Los soldados dudaron un momento, pero Teddy, que había sido novio de Circe la imitaba a la percepción, y hasta hablaba algunas palabras en albano. Dejó escapar un chillido y los magos pusieron sus varitas a los pies de Harry. En ese instante se percató de que Malfoy estaba en el suelo, sin dudas aturdido por alguno de aquellos soldados de Circe. Hizo una seña a Hermione y ella se apresuró a levantar el cuerpo aturdido de Draco, con ayuda de Ron. Él se comenzó a incorporar trabajosamente y, poco a poco, abrió los ojos. Balbuceó unas palabras al oído de Hermione y ella palideció.

Harry caminó en dirección a la salida del castillo.

—Tú —señaló a uno de los soldados— irás con mi amigo a buscar nuestras varitas.

Ron acompañó al soldado por donde lo guió.

—Harry —dijo Hermione en voz baja— Draco ha visto a Circe merodeando. Él se escondía tras una columna cuando fue aturdido. Esperemos que ella tarde en aparecer.

Qué complicación de último minuto. No solo era una gran hechicera, sino que Circe, además, parecía no dormir.

Sin embargo, los deseos de Hermione no fueron correspondidos. Bastaron cinco minutos para que se escucharan unos aplausos y un escalofrío los recorriera. Las palmadas provenían de la penumbra y eran acompañadas de una risa frenética, loca.

—Muy bien. Casi me lo creo. Parece que tengo una doble— dijo Circe, dejándose mostrar a la luz de la luna.

Hasta aquí el capítulo 10. La próxima semana regresamos con más, la antepenúltima entrega de esta idea de la Ruptura del vínculo…¿Lograrán los magos separarse de su vínculo con las varitas? Síguenos en Facebook y Twitter apara que tengas la exclusiva. Además, te  convocamos a escribirnos a nuestro email hpsextante@gmail.com y que te sumes a la aventura. NOX!

Tomas en Twitter: ernestoguerra21 (doy followback)

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Tomas Marvolo

Estudio periodismo en la Universidad de La Habana, escribo novelas y trabajo como periodista en CMBF Radio Musical Nacional. Potterhead!

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