Fanfic: Albus Potter y la Varita Partida – Capítulo 20


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Capítulo 20: “James”

– ¡¿En serio Trelawney dijo eso?! – preguntó Boggart.
– Si, así es. – dijo Albus. – También dijo que lo único que cambiaría las cosas serían las Reliquias de la Muerte juntas.
– Siempre supe que la Varita de Saúco era real, pero que toda la Fábula de los Tres Hermanos lo sea… Eso si es fuerte.
– ¿Por qué no nos dijiste nada? – dijo Scorpius, algo indignado.
– Tenía miedo de lo que pensaran, de que luego de esto no quisieran seguirme ayudando con la Varita y le temieran, o ni siquiera quisieran estar cerca de mi. – dijo Albus.
– Albus, con más razones te habríamos ayudado. Si el destino del mundo dependía de ello, ¿Crees que nos hubiéramos quedado de brazos cruzados?
– La verdad no lo se…
– Ahora volvamos al grano, y es por qué se la quieres dar a James. – dijo Boggart.
– La profecía dice que quien posea las Reliquias decidirá el destino de todos los magos, y no quiero tener esa responsabilidad, yo no soy un héroe nato como él o como mi papá. Miren, sé que tratarán de convencerme de lo contrario, pero ya me decidí, y se la entregaré tan pronto como lo vea.

– Asesinar estudiantes inocentes por conseguir un manto viejo y arrugado, es algo bajo. – dijo James, todavía atado en el árbol y custodiado por Tania, quien lo miraba con cierto placer y curiosidad.
– ¿En verdad creíste que todo el plan se limitaba a traerte al bosque? – dijo Tania riéndose. – Que mente sin imaginación tienes.
– Entonces ilumíname, ¿Qué es lo que pretenden?
– Lo siento, yo no soy como Marcus.
– Creo que merezco saberlo, después de todo admitámoslo, ya estoy muerto.
– Si hay algo para lo que tiene talento tu estirpe es escapar de la muerte, así que no me arriesgaré.
– Como quieras.

Albus caminó por los pasillos de Hogwarts, en dirección a la entrada de la Sala Común de Gryffindor, pues a esa hora su hermano acostumbraba salir para las prácticas de Quidditch. Scorpius y Boggart lo seguían tratando de hacerlo caer en razón.
– ¿Por qué no te enfrentas tú a los Infiltrados? – preguntó Boggart. – Con la Varita más poderosa a tu disposición, serías invencible.
– Ya les dije, no soy el héroe literario, un caballero blanco de armadura brillante que salvará el día y viajará en caballo a la puesta de Sol. Además, no podría con una responsabilidad así.
– ¿Cómo estás seguro de ello? – preguntó Scorpius. – Sin duda luego de todos estos meses demostraste que eras capaz de grandes cosas.
– No el tipo de cosas que se esperaría de un héroe.
– A ver, cada vez que Boggart y yo dijimos que estabas loco, nos llevaste la contraria e hiciste un montón de cosas arriesgadas con tal de cumplir tu objetivo. Si eso no es ser un “héroe literario” como tu dices, entonces no se que lo sea.
– De todas formas ya escuchaste lo que dijo la profecía, quien posea las Reliquias será quien marque el destino, y no necesariamente tengo que ser yo. Dime algo, si tuvieras que decidir si llevar ese peso sobre tus hombros o no, ¿Lo aceptarías? Y se me honesto.
Scorpius quise responder que “Si”, pero recapacitó un momento: ¿En verdad estaría dispuesto a convertirse en la pieza determinante de un juego de ajedrez, donde cada jugada afecte la vida de los demás? ¿O se iría por el camino fácil y buscaría darle esa responsabilidad a alguien más apto? Siempre quiso tener la oportunidad de ser el héroe que Albus rechaza ser, para así limpiar el apellido de los Malfoy y ser recordado por siempre como una buena persona, y no el villano del cuento. Ahora tiene esa oportunidad frente a él, y no sabe si aceptarla.
– Albus tiene razón. – dijo Scorpius.
– No estarás hablando en serio. – dijo Boggart.
– Si él no se siente capaz de manejar esa clase de presión, ¿Quiénes somos nosotros para forzarlo?

– Entiendo que no seas muy habladora, pero supongo que estás tan aburrida como yo. – dijo James. Quería ver cuánto provecho podía sacarle a la situación, tratando de obtener algo de información.
– Tal vez… – dijo Tania.
– Entonces hablemos. No tiene que ser sobre ese “plan secreto” que tanto me ocultas. Hablemos de tu vida por ejemplo.
– ¿Qué quieres saber? – Tania tenía cierto interés por ver cuáles serían las preguntas de James, y como no tenía otra cosa que hacer, al menos podría “divertirse” durante la espera.
– ¿Por qué odian tanto a los magos?
– Por Voldemort, Grindelwald, Emeric… Muchos de los fundadores del Fuego de Dragón fueron esclavos de Emeric. No tienes idea de las atrocidades que les hizo sufrir, y la forma en que los degradaba tan solo por sentirse superior con su magia…
– Así que todo esto es por venganza.
– Más que venganza, es supervivencia. Con su raza fuera de la existencia, los hombres podrán al fin estar libres de amenazas de muerte y de esclavitud por parte de ustedes.
– No todos los magos somos como los tenebrosos.
– A la final, cada mago se cree superior a los “muggles” de alguna forma, y ese sentimiento de superioridad es lo que origina la maldad en este mundo. No por nada Dios creó a todos los hombres iguales, mientras el demonio los engendró a ustedes para generar caos con su poder.

– ¡James! – dijo Albus al ver a su hermano saliendo del retrato de Gryffindor. – Quería hablar contigo de algo…
– También necesito hablar contigo de inmediato, y a solas. – dijo “James”.
– Está bien. – Albus se dirigió a sus amigos, y les dijo. – Nos vemos más tarde.
– Espero que estés tomando la decisión correcta. – dijo Boggart.

– ¿Son católicos? – preguntó James.
– Solo nos aliamos con ellos durante la época de las Cruzadas, pero no tenemos nada en común. Los Católicos demostraron ser débiles, incapaces de hacer lo que era necesario. Nos consideramos una religión diferente a todas las conocidas.
– Porque se basan en la guerra y la muerte.
– Porque nos basamos en la fuerza y el coraje. Somos los guerreros de Dios, enviados a la Tierra con el propósito de exterminar a la especie del infierno.
James pensó que con ese tema no lograría obtener nada útil, así que cambió la pregunta.
– ¿Por qué son tan fuertes en comparación al resto de los estudiantes? – preguntó James.
– Nos entrenan desde que empezamos a hablar, tanto física como mentalmente. Las prácticas de hechicería son a partir de los ocho años.
– Ningún menor de edad puede hacer magia fuera de una institución hasta cumplir los 18.
– Tu Ministerio no tiene su ojo puesto en todo el país. Nos las ingeniamos para mantenernos ocultos, y así nadie pueda interrumpir los entrenamientos.
– ¿Entrenamientos? ¿No querrás decir “torturas”, o “sufrimientos”?
Los ojos de Tania se incharon como globos. Los recuerdos de aquellos años de su infancia…
– ¡Lo hacían para volvernos resistentes! – dijo Tania con un tono elevado de la voz. – ¡Así ninguno de sus trucos nos puede doblegar!
– Y son TAN fuertes que prefieren suicidarse cuando algo sale mal.
– Con ello evitamos caer en las manos del enemigo. Es mejor morir con honor, que pasar el resto de la vida en la deshonra.
– Podrás inventarte todas las excusas que quieras, pero admítelo: Lo hacen por miedo, miedo a volver con sus amos y recibir un castigo por haber fracasado. McGonagall pudo ver lo que les hacen, y no es justo tener que pasar por el sufrimiento del cruciatus. Además, creo que la maldición torturadora no era lo único que les hacían…
– ¡CÁLLATE MENTIROSO ENGENDRO DEL DEMONIO! ¡Cuando el día termine, ni siquiera estarás vivo para seguir con tus mentiras!

“James” llevó a Albus a un salón apartado sin profesores ni clases.
– Mira Albus, necesito que me devuelvas la Capa de Invisibilidad que te di. – dijo “James”.
– Está bien. – dijo Albus. – Quería decirte que…
– En serio, no tengo tiempo para esto, ve a buscar la Capa.
– Pero si me dejaras explicarte…
– ¡Lo que tengas que decir puedes hacerlo más tarde! ¡Busca la Capa ahora!
Albus se dio cuenta de algo: Por muy fastidioso que podía llegar a ser James, jamás le había gritado de esa forma.
– ¿Por qué la necesitas? – preguntó Albus.
– Es algo muy importante, te lo aseguro. – dijo “James”.
– Tu voz suena diferente…
– Podemos discutir después si quieres. Mira, solo te pido que hagas esto por mi, después de todo la Capa me pertenece.
Esa última frase hizo que Albus se diera cuenta de que algo no andaba bien. James se contradijo a sí mismo luego de que meses atrás aseguró que ambos eran los dueños de la Capa, así que Albus quiso ver qué otras cosas había olvidado su hermano.
– ¿Por qué me diste la Capa en primer lugar? Respóndeme, y te la traigo sin dudar.
“James” no dijo palabra alguna por unos segundos. Por fin cayó en cuenta que Albus era más inteligente de lo que esperó, así que no tuvo más opción que cambiar su estrategia.
– Me sorprendes pequeño. – dijo Marcus. – En verdad nunca pensé que te darías cuenta.
– ¿Dónde está James? – preguntó Albus.
– En el Bosque Prohibido, esperando a que lo libere en cuanto tu me des lo que te pedí. Ahora, si te haces el valiente y me vienes con alguna artimaña, tu hermano y Hogwarts sufrirán las consecuencias. Tenemos un plan de contingencia por si acaso no se nos entrega la Capa voluntariamente: Tomar el Castillo y destruirlo cimiento por cimiento.
De repente la poción multijugos de Marcus perdió su efecto por completo, recuperando así su forma original. Albus estaba paralizado, no por un hechizo o maldición, sino por el miedo de no saber qué hacer.
– Está bien. – dijo Albus, con la poca voz que tenía. – ¿Dónde quieres que te la entregue?
– Ya sabrás cómo encontrarnos. Estaremos en el Bosque Prohibido esperándote, y no tardes demasiado. Ahora me iré del salón, y tu no saldrás sino hasta cinco minutos después de que me vaya. Dios no quiera que salgas en menos tiempo…
Marcus salió por la puerta y dejó a Albus solo en el salón, pensando: Los Infiltrados solo quieren la Capa de Invisibilidad, pero no saben de la Varita de Saúco, lo cual le daba una gran ventaja sobre ellos. Lo único que necesitaba para rescatar a James era la ayuda de dos personas importantes, a quienes les tendría que explicar muchas cosas.


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maponto

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