Fanfic: Un día con los Potter-Weasley

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“¿Quieres saber cómo será tu amada en el futuro? Pues fíjate en la madre”. Todos hemos escuchado eso. Me pregunto si Harry lo sabía cuando decidió pasar el resto de su vida con la hija de Molly Weasley. Antes de que empiecen a fruncir el ceño, a mí me parece que Molly Weasley es lo máximo, solo me pregunto si a Harry se le pasó por la mente este detalle. Molly Weasley es una madre abnegada, cariñosa, detallista y, bueno, dominante y sobreprotectora… así que, pasémonos un día por la casa Potter-Weasley a ver cómo les va a Harry y a Ginny en su vida conyugal.

Se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja mientras intentaba crear la frase que describiera mejor el auto gol de Rumania en la Final de la Copa de Quidditch, error que les costó el trofeo y, al autor del fallido, vamos a llamarlo “enceste” porque no se me ocurre un sustantivo mejor, la creación de incontables memes, tipo de chiste en el que se toma una imagen y se escribe una frase que la describa que empezó en las casas mixtas (padre mago y esposa muggle, o sangre mestiza y viceversa) y que, poco a poco, se fue haciendo bastante popular en todo el mundo mágico, y el abucheo de los miles de fanes que se encontraban en el estadio.

harry y ginny

Ginny Weasley, desvió su mirada de la hoja de papel hacia el sofá, donde Harry y sus tres hijos jugaban Mortal Kombat en el aparataje muggle que, por influencia de Arthur Weasley y, a través de Hermione Granger, habían comprado.

Finish him!” Escuchó Ginny exclamar a la voz masculina y terrorífica que, por cierto, ya detestaba.

–¡Fatality! –Exclamó Albus Severus (¿me permiten decir que no hay nombre en el mundo más difícil de pronunciar que ese?).

Ginny apretó los labios y se masajeó la frente mientras escuchaba a Harry y a Albus, que eran del mismo equipo, decir junto a la voz:

Scorpion wins. Flawless victory.

Albus Severus lanzó una grito gutural mientras se golpeaba el pecho como un gorila a manera de celebración.

–Harry, creo que ya han jugado demasiados juegos muggles por el día. Además, por lo que oigo, no me parece que ese juego sea apto para Lily Luna.

–Sí lo puedo jugar porque hay mujeres en el juego –explicó la niña–. Yo siempre soy Sindel, que tiene el pelo blanco y largo y lo usa para agarrar a sus víctimas por el cuello y golpearlas contra el piso

Ginny escuchó la explicación, tras lo cual, miró a Harry fijamente y, con ironía dijo:

–¿Escuchaste, amor? ¡Agarra a la víctimas por el cuello y las golpea contra el piso!

Harry, sentado en el sofá, apretó los labios para ahogar una carcajada.

–¡No estoy de acuerdo con que estén jugando ese juego! ¡Además, pronto tienen que alistarse para ir al Callejón Diagon!

A Lily Luna le brillaron los ojos y, mientras lanzaba una exclamación de alegría, corrió a bañarse. Harry se levantó y les ordenó a sus dos hijos varones que se fueran a bañar también. Los jóvenes obedecieron, no tan emocionados como Lily Luna, pero obedecieron al fin. Harry estiró los brazos mientras bostezaba sin darse cuenta de que Ginny lo miraba fijamente y con mucha seriedad.

–¿Qué pasó? –dijo Harry tras percatarse de que su esposa lo había estado observando todo el rato.

–Harry, en serio, esos juegos no me parecen aptos. Además, estaba tratando de escribir mi artículo y el ruido no me dejaba. No digo que la casa tenga que ser la biblioteca de Hogwarts, pero estaban gritando demasiado. Y tenemos que estar en Callejón Diagon en una hora para vernos con Ron y Hermione. Y hay que comprar el libro ese que muerde, por cierto… yo no entiendo por qué continuaron pidiéndolo. Pensé que lo verían como excentricidades de Hagrid.

–Es un buen libro –dijo Harry encogiéndose de hombros–. Y solo tienes que acariciarle el lomo.

–Yo sé, yo sé… bueno, vamos a arreglarnos, es lo que es. Ya hemos hecho a Ron y Hermione esperar varias veces. Y hay que parar en Gringotts antes y… –Ginny se detuvo al ver a Harry sonriendo.

Ella rio levemente mientras se llevaba una mano a la frente y decía:

–¡Nooo! Estoy igual a mi madre.

–Claro que no, Molly. Perdón, Ginny –bromeó Harry mientras le pasaba el brazo por los hombros.

Ginny, intentando fingir seriedad, lo fulminó con la mirada. Harry se dio cuenta de que, en el fondo, sonreía. Por fin, le besó la cabeza y le dijo:

–Perdón por todo el ruido. Les voy a decir a todos que, cuando lleguemos, se comporten para que puedas terminar de escribir tu artículo.

–Gracias –respondió Ginny y, seguidamente, le dio un beso a su esposo en la mejilla.

Los cinco Potter estaban ya frente a la chimenea.

–Recuerden pronunciar bien el nombre –les recordó Ginny, al igual que todas las veces que usaban los polvos flu.

–Ya sabemos… –dijo James Sirius con tedio.

Ginny, sin prestar atención a su hijo mayor continuó o, más bien, repitió, pues había contado la siguiente historia decenas de veces.

–Su papá terminó una vez en el Callejón Knockturn. No quiero tener que ir a buscarlos allá.

–Siempre dices lo mismo –dijo Albus Severus mientras reía.

Ginny miró a Albus y, sonriendo con la misma ironía con que lo había hecho hacía un rato, dijo:

–Y, ¿sabes qué, Albus? Soy tu madre, así que puedo decirlo las veces que quiera y cuando quiera. Es más, cuando estés durmiendo esta noche, voy a entrar a tu cuarto a despertarte y contarte que tu papá terminó en el Callejón Knockturn la primera vez que usó los polvos flu. Y, luego, te lo voy a contar otra vez en el desayuno. ¿Qué te parece?

El joven iba a responder pero vio a su padre que, colocándose detrás de Ginny para que esta no lo viera y llevándose su dedo índice a los labios, le indicó que no dijera nada. El joven mago obedeció.

Menos de un minuto después, los cinco Potter estaban en el Callejón Diagon.

–Recuerden que necesito una escoba nueva –dijo Albus–. La mía se rompió y este año quiero ir a las audiciones de Quidditch porque quiero ser golpeador.

–Tus tíos Fred y George eran golpeadores –comentó Harry.

Albus sonrió.

–A mí nadie me va a quitar de la cabeza que rompiste tu escoba a propósito porque sabías que este año salía la nueva Big Bang Infinity.

–¡Te juro que no fue a propósito! –Exclamó el joven.

–No fue a propósito, Ginny –explicó Harry–. Yo estaba cuando pasó.

Ginny suspiró y, tras pensárselo un segundo, accedió a adquirir la tan deseada escoba. Harry y Albus chocaron los puños.

–Pero vamos primero a comprar los libros. Hermione me dijo que a esta hora estarían en Flourish y Blotts.

–¡Y mi varita! –Exclamó Lily Luna, pues ese 1 de septiembre comenzaría a estudiar en Hogwarts.

Ginny le dijo que irían después de comprar los libros.

–A menos que tu papá te quiera llevar –agregó tras recordar cómo, todos los años, Harry pasaba entre 30 minutos a una hora conversando con el sobrino del ya difunto Ollivanders y con el retrato del mismo y no quería tener que permanecer todo ese rato allí por pura educación.

Harry y la pequeña se miraron sonriendo. Harry hizo un movimiento de cabeza mientras le ofrecía la mano a su hija para que la tomara y decía “vamos”. La joven Lily tomó la mano de Harry y ambos corrieron hacia Ollivanders. Efectivamente, Harry y Lily no volvieron a Flourish y Blotts sino hasta unos 45 minutos después.

Albus Severus sostenía el libro que mordía, ya le había acariciado el lomo, así que este roncaba plácidamente. Ginny lo miraba con asco pues se le asemejaba a una araña y, aunque no compartía la fobia de su hermano Ron por las arañas, las detestaba y bastante.

–Faltan dos libros de Lily Luna –le notificó Ginny a Harry–. Ron y Hermione están pagando. De aquí, queremos ir a Madame Maxim y, luego, a almorzar.

Harry vio cómo Ginny, de repente, desvió su mirada hacia la puerta de entrada. No sabía quién acababa de entrar, pero sabía que no era una persona a quien Ginny le agradaba, pues su esposa levantó las cejas y murmuró

–Por supuesto… no podía haber venido antes o después.

Harry volteó para ver quién acababa de cruzar el umbral de la puerta y vio a Cho Chang entrando en la tienda de libros acompañada de su esposo y su hija.

–No me digas que te molesta –dijo Harry, ahora de cara a Ginny, con una sonrisa de suficiencia.

Ginny no era una persona celosa en general, pero no podía negar que Cho Chang se mantenía muy bien.

–Por supuesto que no me molesta –dijo Ginny.

–Entonces, no te importa que la vaya a saludar –dijo Harry que, la verdad, no tenía el más mínimo interés en ir a saludar a Cho Chang, solo quería divertirse un par de minutos a costa de Ginny.

–¿Sabes qué? Si te hace tan feliz, ve a saludarla.

–No te importa –repitió Harry, aún sonriendo.

–¡Para nada! –Respondió Ginny con sarcasmo.

Harry dio un paso en dirección a Cho Chang.

–¡Ah! Sí vas a ir…

–Obviamente no voy a ir, Ginny. No me interesa ir. Además, ¿no te acuerdas del día ese que nos los encontramos de frente, que el esposo estuvo como 20 minutos hablándonos de la clorofila y sus propiedades para hacer que el Felix Felicis dure más tiempo?

–Es un tema interesante… –opinó Ginny.

–Sí, y que se puede explicar perfectamente en tres minutos.

Ginny sonrió.

No se saludaron. Por fin, los Potter-Weasley y los Weasley-Granger salieron de Flourish y Blotts y, tras comprar los uniformes, se detuvieron a almorzar en el Caldero Chorreante. Lily estaba emocionada por ir a Hogwarts, así como en 1992 lo había estado su madre. Albus estaba feliz con su Big Bang Infinity, así como en 1991 lo había estado Harry con su Nimbus 2000 y James Sirius estaba feliz en general porque volvía a Hogwarts, así como sus padres lo habían estado en su momento.

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María Paulina Camejo

Escritora venezolana radicada en Miami. Licenciada en Historia del Arte y Literatura por la Universidad de Miami. Ha publicado la novela Beatriz decidió no casarse, la cual también fue publicada en inglés. Puedes comprar su novela en Amazon

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