El comienzo de la relación entre Cedric Diggory y Cho Chang


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A todos nos dolió, nos sorprendió o nos llenó de rabia cuando, luego de que Harry invitara a Cho al baile de Navidad con su épico “¿quieresveniralmailecombigo?” ella le dijera que ya tenía pareja y que esta era Cedric Diggory. ¿En qué momento? Si Harry la invitó es porque seguro no los había visto juntos o, por lo menos, en ninguna actitud comprometedora. Si ninguno de sus amigos le había dicho nada, es porque ellos tampoco. No es que las vidas de Ron y Hermione giraran en torno a Harry, es, simplemente, algo que cualquier amigo haría. Entonces, aquí vamos a ver cómo inició esta historia:

cedric cho chang

En una clase de Transformaciones en la que la joven Cho Chang estaba teniendo problemas convirtiendo un bowl de spaghetti en uno de arroz, el joven Cedric Diggory entró al salón con paso acelerado y excusándose con la profesora McGonagall por su irrupción. Fue hacia el escritorio de la profesora y en voz baja le dijo algo que nadie pudo escuchar, a pesar de que todo el salón de clases estaba en silencio, ¿y cómo no? Tan solo dos días antes, Cedric había sido escogido como el campeón de Hogwarts para participar en el Torneo de los Tres Magos, o cuatro, en este caso. La profesora McGonagall se levantó y salió del salón rápidamente. Cedric, por su parte, permaneció de pie junto al escritorio, como todos los estudiantes lo observaban sin ningún tipo de discreción, se vio en la obligación de explicar:

–La profesora McGonagall tiene que ir a ver unos minutos al profesor Dumbledore y me pidió que me quedara aquí mientras tanto. Si alguno necesita ayuda, me puede decir. Recuerdo esta clase, la de convertir el plato de spaghetti en un plato de arroz. Era especialmente difícil porque algunos spaghettis se convertían, otros no, otros se convertían en un grano de arroz del tamaño de un spaghetti. Yo logré convertir la mitad.

–¿Y qué hiciste con la otra mitad de spaghetti? –Preguntó un alumno.

Ante de responder, Cedric sonrió.

–Me la comí –respondió tranquilamente.

 Freddy Queens, que trabajaba junto a Cho, optó por comerse todo su plato de spaghetti.

–Y… ¿qué le vas a decir a la profesora McGonagall? –Le preguntó Cho.

–Le diré que, aunque no pude transformar nada, por lo menos lo logré desaparecer.

Cho intentó nuevamente hacer su transformación. Al ver el resultado, miró su plato con horror y no pudo evitar soltar un grito desgarrado de terror. Cedric se acercó a grandes zancadas para ver qué había ocurrido.

–Oh, guao…

Toda la clase miraba a Cedric y a Cho con curiosidad, pues querían saber en qué había consistido su fallida transformación.

–A pesar de lo desagradable que se ve este plato de gusanos, no podemos quitarle el crédito a su compañera por haber logrado ejecutar una transformación de todos los spaghettis del plato. Un aplauso.

Todos aplaudieron a Cho sin mucha emoción y una muchacha le pidió a Cedric que desapareciera los gusanos.

–¿Quieres intentar arreglarlo tú?

Le preguntó a Cho. Ella, hay que decirlo, estaba nerviosa. Cedric era un chico atractivo que, si acababa de ser elegido para representar a Hogwarts debía ser, además, un muy buen mago, sin embargo, aceptó el reto. No quería parecer miedosa delante de él.

–Yo te ayudaré –le dijo Cedric y tomó su mano para ayudarla con el movimiento.

–El plato de gusanos volvió a ser un plato de spaghettis.

–Vamos a intentar una vez más –dijo él.

Varias Ravenclaw miraban a Cho con celos, y los que no miraban con celos, lo hacían con curiosidad.

–¿Te comerías esos spaghettis? –Le preguntó Cedric a Cho.

Cho miró el plato de spaghetti y dijo:

–Aunque sé que no es más que un plato de pasta, siento que les quedó algo de su pasada “gusanidad”.

Cedric rio.

–Yo tampoco los comería –dijo.

Lo intentaron nuevamente… en un instante la pasta se convirtió en un plato de arroz. Cho abrió la boca con sorpresa y le agradeció a Cedric su ayuda. Cedric miraba el plato con satisfacción. Los otros Ravenclaw le pidieron ayuda y, abandonando el puesto de Cho, se paseó por el salón ayudando a todos con sus transformaciones.

La profesora McGonagall regresó pocos minutos antes de que acabara la clase. Agradeció a Cedric por su ayuda y les indicó a sus alumnos que ya podían abandonar el aula. Cho abandonó el salón de clases junto al resto de sus compañeros y se dirigió al Gran Comedor para almorzar. Escuchó unos pasos acercarse a cierta velocidad, y escasos segundos después, Cedric Diggory estaba junto a ella caminando hacia el Gran Comedor.

–No quiero sonar pedante, pero te fui de mucha ayuda en Transformaciones.

–Sí… por eso te di las gracias –dijo ella.

–Pero, no me dijiste tu nombre, ni nada… ¿de qué me sirve ese gracias?

–Cho Chang –dijo ella sin rodeos, pues no era la más expertas en los juegos de coqueteo, además de que no les encontraba el sentido.

–Cedric Diggory –dijo él y le ofreció su mano para que ella se la estrechara.

Antes de que el silencio se tornara incómodo, ella lo felicitó y le deseó suerte para la primera competencia del Torneo de los Tres Magos.

–Espero que a ti y a Harry les vaya bien –dijo por fin.

–¿Eres muy amiga de Harry Potter? –Preguntó Cedric tanteando.

Ella se encogió de hombros, sin saber muy bien qué responder.

Ya en el Gran Comedor, Cho estaba ya dispuesta a dirigirse a la mesa de Ravenclaw, cuando Cedric le si tenía alguna hora libre después del almuerzo.

–Estoy libre antes de la cena –respondió ella.

A esa hora, Cedric tenía Pociones, sin embargo, por año escolar, él se permitía perder una clase de Pociones, la materia que menos le gustaba, y le pareció que esa sería una buena oportunidad para darse su gusto anual.

–Excelente. Yo también, ¿quieres que nos veamos aquí a esa hora?

Cho asintió pensativa.

–¿Qué pasa? –Le preguntó Cedric.

–Que… no entiendo tu interés en pasar tiempo conmigo si no me conoces ni nada.

Cedric sonrió y decidió decir la verdad:

–A riesgo de sonar raro y de que no quieras hablarme nunca más, la verdad es que sé quién eres desde hace tiempo. Te vi por primera vez el año pasado en un partido de Quidditch contra Gryffindor y, ¿qué te puedo decir? Me pareces una buena deportista, además de muy, muy bonita, y te quiero conocer. Tienes permiso de alejarte y no volver a hablarme.

Cho sonrió y le pareció agradable que el campeón de Hogwarts, que podría fácilmente tener los humos subidos, estaba nervioso al admitirle que sabía desde hacía ya casi un año quién era ella.

–Te veré aquí al comienzo de la hora antes de la cena –dijo ella por fin.

Ahora, fue el turno de Cedric de sonreír.

–Excelente –dijo él.

Cada uno se dirigió a su respectiva mesa y, no habían pasado dos minutos cuando las amigas de Cho ya sabían que se encontraría con Cedric Diggory en la hora antes de la cena.

¡Le gustas a Cedric Diggory! –Exclamó una, para seguidamente preguntarle si creía que Cedric la invitaría al baile de Navidad.

Cho se encogió de hombros. La verdad, cuando supo que habría un baile, se había planteado la posibilidad de asistir con Harry, aunque no podía negar que ir con Cedric era una idea que le agradaba.

Al salir de su última clase del día, Cho se dirigió al Gran Comedor. Antes de llegar, pudo ver a Cedric esperándola en la entrada, que sonrió al verla. Se saludaron y él le pidió que lo siguiera.

–¿A dónde vamos? –Preguntó Cho.

–Ya vas a ver.

Algo que pocos sabían era que Cedric había entablado cierta amistad con los gemelos Weasley y que estos le habían revelado la existencia de los pasadizos secretos que llevaban a Hogsmeade. Viendo que se dirigían a un túnel, Cho Chang sintió algo de desconfianza y, nuevamente, le preguntó a Cedric hacia dónde se dirigían.

–Vamos a Hogsmeade, que me provoca una cerveza de mantequilla.

–¿Es en serio? –Preguntó ella incrédula.

–Sí, es totalmente en serio…

–Pero, no entiendo. Tú das la impresión de que eres muy buen alumno y te portas muy bien.

Cedric sonrió, ya estaban en el túnel.

-Soy un buen alumno y me porto bien, pero tienes que entender que ya estoy en séptimo año y, oye, no es que hago esto todas las semanas, ni siquiera todos los meses, pero sí voy a Hogsmeade escondido unas tres veces por año escolar.

Llegaron a Las Tres Escobas y Cedric le pidió a Cho que se sentara mientras él pedía dos cervezas de mantequilla.

–Y… asumo que esta es tu movida –dijo Cho tras darle el primer sorbo a su cerveza de mantequilla.

–¿Mi movida? –Preguntó Cedric.

–Sí… no creo que yo sea la primera que traes a Hogsmeade.

Cedric suspiró y bajó la cabeza.

–No. No lo eres, pero me gusta venir y, ¿a dónde más las voy a llevar? Estamos en el castillo todos los días por nueve meses.

–Puntos por sinceridad –dijo Cho– y, por supuesto que entiendo. A veces provoca salir del castillo, pero también estás cansado de los jardines y quieres algo distinto.

–Gracias por entender –dijo él.

Conversaron hasta que cada uno terminó su cerveza de mantequilla y se dispusieron a regresar al castillo, pues no contaban con mucho tiempo. Llegaron juntos a la puerta del Gran Comedor.

–Gracias por acompañarme –le dijo Cedric.

–No… a ti por un rato diferente –dijo ella.

Cedric sonrió y cada uno se fue a su mesa sabiendo que su vida sería un poco diferente. Y así fue como comenzó todo, esa historia que a nosotros nos tomó por sorpresa cuando Harry recibió esa respuesta negativa, viéndose en la posición de invitar a Parvati, que no es que está mal, pero no era nuestro ideal.

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María Paulina Camejo

Escritora venezolana radicada en Miami. Licenciada en Historia del Arte y Literatura por la Universidad de Miami. Ha publicado la novela Beatriz decidió no casarse, la cual también fue publicada en inglés. Puedes comprar su novela en Amazon

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