Por: Ana Andrés
-¡Mira, James, es Remus!
James Potter abrazó a su amigo, muy contento de verle.
-¿Cómo estás, Lunático?
-Igual de bien que tú- le respondió el hombre lobo con una sonrisa.-Toma, Lily; alguien ha dejado esta carta en la entrada.
La joven le dio un abrazo y cogió la carta. Mientras James y Lupin hablaban animadamente en el salón, ella abrió el sobre; dentro había un pequeño pergamino con su nombre escrito en la parte de arriba. Lo desdobló y comenzó a leer.
Cuando terminó de leerla, las lágrimas cayeron de sus hermosos ojos verdes.
-Sev…- susurró Lily.
Aquellas fueron las últimas palabras que Severus Snape le dirigió, antes de que Lord Voldemort la asesinara mientras trataba de defender a su hijo Harry.
La carta continuó guardada durante muchos años en un pequeño cofre que Lily había enterrado, hasta que el tiempo redujo a polvo los últimos versos de un hombre enamorado; los versos más ciertos que ningún mago llegará a escribir jamás.
Por siempre te quise, y no te olvidaré.
Yo nunca creí
Que más allá de ti
Que más allá de mí
Fuese algo más de lo que fui
Yo no quise ir
Tan lejos de ti
Tan lejos de mí
Mis palabras me obligaron a partir
Yo jamás reí
Aquello que decían de ti
Aquello que decían de mí
Pero tú sonreías, y yo sonreí
Sabes que puedo decir
Que el corazón que hay dentro de mí
Murió, muere y morirá por ti.
















