Fanfic: Albus Potter y la Varita Partida – Capítulo 18

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Capítulo 18: La Parte Divertida

Con todos los materiales necesarios a su disposición, Albus comenzó a reparar la varita tan pronto como salió de la última clase de ese día. Tomaría mucho tiempo, dedicación y paciencia arreglar el daño que le había hecho Harry al partirla de esa forma.
Iban pasando las semanas, y Albus se aislaba cada vez más de la realidad. Solo hacía sus tareas, comía, dormía y trabajaba en la varita. Ya no hablaba con Boggart, Scorpius, o cualquier otro ser humano. Sus amigos estaban preocupados por él, pero cuando se le acercaban, Albus no les prestaba atención y seguía con el proceso.
Llegó Febrero, y durante todo el mes Albus no se dedicó a otra cosa. Llegó un punto en que Boggart se encontró con Scorpius en los pasillos, y le dijo: – Tenemos que hacer algo con Albus. La varita lo ha obsesionado.
– Lo se, también me di cuenta, pero él no nos escucha. Todo su mundo ahora gira en torno a la varita.
– Sabes lo que debemos hacer. No sugiero que lo separemos de ella por completo, pero necesita descansar, aunque sea a la fuerza.
– ¿Crees que de verdad eso cambie algo? Aunque se aleje de la varita no pensará en otra cosa. Además, parece que ya está a punto de terminarla.
– Tu no vives en la misma habitación que él. Sin exagerar, dura la noche entera en su escritorio con las herramientas y sin parar en ningún momento. No puede con el sueño en las clases y sus ojos están rojos del cansancio.
– Ok, tienes un buen punto…
Boggart y Scorpius se dirigieron a la habitación de Albus para confrontarlo. Al entrar, vieron a su amigo todavía en el escritorio, trabajando en la varita.
– ¡Albus! Tenemos que hablar… – dijo Boggart.
– ¿No puede ser en otro momento? – dijo Albus.
– No, tu no tienes otro momento. Esto ha llegado demasiado lejos, necesitas dormir.
– En serio, no puedo hablar, estoy a punto de…
– ¡Boggart tiene razón! – dijo Scorpius. – La varita te está consumiendo.
– Apenas comes en el almuerzo, eres el que menos se eleva en la clase de vuelo, ¡Ayer te quedaste dormido en pociones! – dijo Boggart.
Albus dejó sus herramientas en el escritorio. Se paró de la silla, sin desviar la mirada de la varita.
– Entonces, ¿Por fin vas a descansar? – dijo Scorpius.
– Quizá más tarde. – dijo Albus. – Ahora requiero de la ayuda de ambos.
– ¿Qué pasa? – preguntó Boggart.
– Solo falta un último ingrediente, un último paso para terminarla… Ya casi está…
– Un momento, ¡¿Ya casi terminas de arreglar la varita?! – preguntó Scorpius.
– Así es… pero aun falta una cosa…
– Dinos, ¿Qué necesitas? – dijo Boggart.
– Un poderoso conjuro Reparo, hecho por los tres al mismo tiempo.
Albus agarró la Varita de Saúco y la puso en medio del cuarto.
– Logré unir los dos trozos como uno, pero el centro sigue dañado. Al parecer el último mago que la utilizó no tenía su respeto, así que le hizo resistencia, y eso maltrató al núcleo. Cuando mi padre rompió la varita, la condición del núcleo empeoró hasta ser casi irreparable.
– Y por eso nos necesitas. – dijo Scorpius. – Un encantamiento simultáneo podría arreglar el daño.
– Más vale intentarlo. – dijo Boggart.
– Tenemos que tener una perfecta sincronización, ya que no habrá una segunda oportunidad. Si algo sale mal, el núcleo quedaría inservible.
Boggart y Scorpius se miraron mutuamente, nerviosos por lo que dijo Albus.
– ¿En serio no existe otra forma? – dijo Scorpius.
– Lamentablemente no, pero confío en ustedes, y sé que podremos hacer esto. No llegamos tan lejos para retirarnos en este punto.
– Es verdad. – dijo Boggart. – No nos queda de otra.
– Bueno, hagámoslo de una vez. – dijo Scorpius.
Los tres sacaron sus varitas y apuntaron a la de Saúco. Todos estaban de acuerdo en que ninguno quería ser el que lo echara a perder.
– Muy bien, a la cuenta de tres, hacemos el conjuro. – dijo Albus. – Uno….. dos…… ¡TRES!
– ¡REPARO! – gritaron los tres al unísono. De repente, la Varita de Saúco expidió una energía invisible que los empujó hacia atrás. Cada uno estaba en una esquina diferente de la habitación, sobándose la cabeza por el impacto.
– ¡¿Están bien?! – dijo Albus.
– No sé si todavía estemos vivos. – dijo Boggart.
– ¿Qué pasó? – dijo Scorpius.
– ¡LA VARITA! – gritó Albus, levantándose del suelo y buscando aquello en lo que había trabajado tantos meses. La sostuvo en sus manos, percibiendo el poder que regresaba a la madera. Era tanto poder…
– Está lista… – dijo Albus, con los ojos bien abiertos. – Aquí está… ¡Vengan a verla!
Scorpius y Boggart también se levantaron, y fueron a ver lo que entre los tres habían creado.
– ¿Cómo sabemos qué funciona? – preguntó Scorpius.
– Solo hay una forma de averiguarlo. – dijo Albus. – Hay que probarla…
Albus apuntó al techo con la Varita de Saúco, con una gran emoción corriendo por sus venas, atravesando su corazón y llegando a su mano derecha, para entonces decir: – ¡LUMUS!
La varita proyectó una poderosa luz que inundó todo el cuarto y casi deja ciegos a los tres. Albus no solo sintió como la magia atravesaba la varita con fluidez y sin resistencia, era como si algo le estuviera hablando en su mente, diciéndole los secretos de la hechicería.
– ¡Wow! – dijo Albus en cuanto la luz se desvaneció. Su cara mostraba una exaltación insuperable.
– ¡FUNCIONA! – gritó Boggart.
Scorpius no paraba de reír de la alegría. – ¡LA VARITA FUNCIONA! ¡ALBUS, LO LOGRASTE!
– Si lo logré… y funciona mejor de lo que imaginé… – dijo Albus.
– ¿De qué estás hablando?
– Cuando conjuré el Lumus, la varita me dijo como hacerlo correctamente: la forma adecuada de pronunciar el hechizo, cómo debía agarrar el mango al hacerlo, hasta la posición de mis pies, todo…
– ¿Eso qué quiere decir? – preguntó Boggart.
– Significa que puedo hacer el hechizo que desee con tan solo querer hacerlo, y la varita se asegurará de que salga a la perfección.
– ¿Cualquier hechizo?
– Cualquier hechizo.
– Hasta los más avanzados…
– Creo que ya captaste.
– Entonces inténtalo. – dijo Scorpius. – Piensa en el hechizo más complicado que se te ocurra.
Albus buscó en su memoria, pensando en cada hechizo complejo que había escuchado en su vida, hasta que recordó uno en particular del cual se quejaba su tío Ron. Algo que Albus siempre quiso saber era cómo sería la forma de su patronus…
– ¡EXPECTO PATRONUM! – gritó Albus. La Varita le trajo a su mente el recuerdo más feliz que tenía: Aquella vez que su padre lo llevó a conocer a Ollivander, quien desde ese día convirtió al pequeño Albus en su aprendiz. Frente a los tres, apareció la forma luminosa de un fénix volando sobre sus cabezas.
– ¡Increíble! – dijo Boggart.
El fénix se desvaneció en el aire, y Albus dejó la varita sobre su cama. Eran tantas las emociones… tanta alegría… necesitaba tomar un respiro.
– Sigo creyendo que todo esto es un sueño… Pero no es así. – dijo Albus. – De verdad pasó, acabo de hacer uno de los encantamientos más avanzados que existen, sin ningún tipo de esfuerzo. Las posibilidades son…
De repente, Boggart agarró la varita de la cama y quiso intentar el mismo hechizo.
– ¡ESPERA! – gritó Albus, pero ya era muy tarde.
– ¡EXPECTO PATRONUM! – gritó Boggart. Frente a él, apareció un dragón de mediana estatura, que al parecer trataba de sacar fuego de su boca.
– ¡Asombroso! – dijo Boggart. – Siempre tuve afinidad por los dragones, pero esto es…
– ¡¿Sabes lo que pudo haber pasado?! – dijo Albus, algo molesto. – ¡Tienes suerte de que la varita te obedeciera! ¡De no ser así, el núcleo hubiera…! Un momento… – Albus se calmó al darse cuenta de algo importante. – La varita te obedeció, no se resistió a tu hechizo, significa que también tienes su respeto.
– ¿Por qué pensabas que solo lo tenías tú? – preguntó Boggart.
– En realidad no pensaba en nada, me dejé llevar por el momento y no lo consideré, pero ahora está claro… Los tres somos los amos de la varita por haberla reparado juntos.
– A ver, déjame intentarlo. – dijo Scorpius. Agarró la Varita de Saúco, y gritó: – ¡EXPECTO PATRONUM!
El patronus de Scorpius resultó ser un enorme caballo alado de tipo Abraxan.
– ¡Impresionante! – dijo Boggart. – Así que tenemos patronus voladores, no creo que sea una coincidencia…
– A ver, concentrémonos en lo importante, y es qué haremos con la varita. – dijo Scorpius en cuanto el Abraxan desapareció.
– Yo opino que la usemos para adelantarnos a las clases. – dijo Boggart. – ¿Saben todo lo que aprenderemos con ella sin tener que estudiar? ¡Nos graduaríamos con honores!
– Propongo que Albus decida, después de todo el hizo todo el trabajo.
– Está bien, es lo justo. ¿Qué quieres hacer con la Varita?
Albus ya sabía lo que haría con ella, aunque no estaba seguro de decirles, pero luego de tanta ayuda que le dieron, todo el apoyo durante el proceso… merecían saber la verdad.
– Se la daré a James. – dijo Albus. Ni siquiera él mismo creía en lo que decía. Una gran parte de él quería conservarla, hacerla suya, aprender de ella… su fuerza de voluntad lo hizo caer sobre la Tierra, y comprendió que la Varita tenía otro destino.
– ¡¿QUÉ?! – gritó Boggart.
– No es la mejor de tus ideas. – dijo Scorpius. – Sin ofender, pero tu hermano es…
– Ya se, y tampoco estoy seguro de esta decisión, pero la necesita más que nosotros. Haré que me desarme para que sea suya, por lo menos hasta que lo de los Infiltrados se solucione.
– Un momento… ¿Dijiste Infiltrados? ¿Te refieres a los chicos que matan sin razón?
– Así es. Es hora de que sepan lo que en realidad está pasando en Hogwarts.


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