Me enamoré de una fan de Crepúsculo – Parte I


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“Este profesor no tiene idea… es obvio que cuando Flaubert dijo ‘Madame Bovary soy yo’ se refería a la novela, no al personaje de Emma Bovary. Qué pérdida de tiempo estar en este salón de clases. Crucio con este tipo”.

Sonrió ante su ocurrencia. Enzo se masajeó la frente y se preguntó:

“Es más, ¿qué hago aquí?”.

Guardó su cuaderno en su mochila y, sin importarle que el profesor lo miraba fijamente, salió sin más, sin pedir permiso ni disculpas. Pensó en dirigirse a la biblioteca, pero sabía que sus amigos estarían en la feria de comida de la universidad y, como sentía algo de hambre, decidió pasar un rato por allí antes de ir a la biblioteca a leer. Se quitó la chaqueta, pues hacía calor y, a través de sus lentes de sol, vio a lo lejos a sus amigos. A pesar de la lejanía pudo distinguir que alguien que no conocía estaba sentada en la mesa.

“Más le vale ser bonita”.

Tras dar unos pasos más…

“Sí, vale. Es bonita”.

Dio un saludo general y, arrastrando una silla, se sentó junto a la muchacha, que resultó ser la hermana de uno de sus amigos.
–Nunca te había visto por aquí –fue lo primero que dijo Enzo.
–Es que todavía estoy en el colegio… y vine a ver la universidad, porque quiero estudiar aquí.
–Vas de cárcel uno a cárcel dos, entonces. Ya yo quiero salir de aquí –dijo Enzo mientras abría su mochila y sacaba una caja de cigarrillos.

Sin decir nada, Aurora, que era el nombre de la muchacha, arrastró la silla para alejarse de Enzo.
–¿Te molesta? –Preguntó Enzo señalando el cigarrillo con su dedo índice.
–El olor, un poco. Pero no te preocupes, ya me moví.
–Si quieres lo apago.
–No te preocupes. No es tan grave.
–Sí… no lo iba a apagar de todas maneras –dijo Enzo y sonriendo, le dio otra bocanada a su cigarrillo.

Aurora volteó los ojos y decidió que Enzo no le caía bien.
–Hey, bonita, no me hagas esa cara.
Dijo Enzo, que no había pasado por alto el gesto de Aurora.
–No hice ninguna cara –respondió ella encogiéndose de hombros.
–¿Y qué vas a estudiar? –Preguntó Enzo cambiando de tema.
–Administración –respondió ella.
–Para Enzo la carrera que vas a estudiar es muy común –le explicó el hermano de
Aurora a la joven, mientras dibujaba unas comillas en el aire al momento de pronunciar la palabra “común”.

Aurora le preguntó a Enzo qué estudiaba él.
–Literatura –respondió Enzo y, como el sol le daba ahora en la cara, se colocó los lentes de sol que, hasta ese momento, habían estado colgando de su camisa.
–Enzo es escritor –le explicó nuevamente su hermano a Aurora–. Ya publicó su primera novela.

Enzo escuchaba la explicación mientras expulsaba el humo de su boca y, escondido detrás de sus lentes de sol, observaba la reacción de Aurora, que se limitó a alzar las cejas y a preguntar:
–¿Cómo te llamas?
–Enzo Dagna –Respondió él como sin darle mucha importancia.
–Ah, pero todavía no eres famoso, porque no he escuchado tu nombre.
Un “¡Uuuuuh!” general se oyó en la mesa. Enzo se limitó a sonreír mientras asentía levemente, aún protegido por sus lentes de sol.
–Ya vas a ver –fue todo lo que dijo él.
Ella no respondió, simplemente optó por concentrarse en su Coca-Cola.

Media hora después, Enzo estaba ya en la biblioteca leyendo Los Hermanos Karamazov de Fiodor Dostoevsky. Algo que nadie sabía era que el intelectual Enzo, el devorador de libros que la gente calificaría de “profundos” era gran admirador de la saga Harry Potter. No ocultaba que había leído los libros y que le gustaban, pero tenía incluso una cuenta en Pottermore y sabía que su casa era Ravenclaw. Había ido al parque Universal Studios en Orlando había sido feliz probando la cerveza de mantequilla y demás. Compartía esta afición con sus dos mejores amigos de la infancia, pero no era algo que quisiera divulgar porque, inclusive, había comprado el uniforme, desde la túnica hasta la corbata. Cierto es que lo había comprado hacía varios años, pero continuaba en su clóset…

Enzo admiraba a J. K. Rowling porque había logrado que una generación que ya casi no leía se interesara nuevamente por la lectura. Admiraba también la infinita imaginación de la autora:
–¡Inventó un deporte y todo un pensum escolar! ¡Qué “genia”!

Había comentado una vez con sus amigos. Y, algo que el joven no soportaba, era que se comparara de saga de Harry Potter con la de Crepúsculo.
“Esas personas que preguntan por qué no me gusta Crepúsculo, si me gusta Harry Potter… ¿no será porque no tienen nada que ver una saga con la otra? No entiendo por qué el que me guste Harry Potter tenga que ser causa de que me guste Crepúsculo” pensaba al recordar la gran cantidad de veces que le habían hecho preguntas del estilo.
Una hora más tarde, Enzo estaba saliendo de la biblioteca pues ya era hora de entrar a su siguiente clase. Estaba subiendo las escaleras cuando recordó que ese día se hablaría en clase de la obra El lazarillo de Tormes. No es que la obra no le gustara, al contrario, le encantaba, pero ya se la sabía prácticamente de memoria. Así que le pareció que haría un mejor uso de su tiempo escribiendo en su casa.
Dirigiéndose a su carro, Enzo decidió volver a la feria de comida y comprarse unas Lay’s para el camino. Estaba en la línea para pagar, cuando vio a Aurora entrar a la tienda, tomar un tubo de Pringles y unirse a la fila.
–¿Y tú qué? –Fue el saludo de Enzo.
Aurora apretó los labios y se encogió de hombros mientras agitaba el tubo de chips.
–¿Son para ti? –Le preguntó Enzo.
-Sí, ya me voy y las quiero para el camino.
–¿Y tu hermano?
–Él se queda porque tiene clases.
–Ah, qué mala. Le vas a quitar el carro y, además, te vas a comer todo un tubo de Pringles tú solita –dijo Enzo, tras lo cual eagó con la cabeza mientras chasqueaba la lengua.
Antes de hablar, Aurora sonrió con ironía y dijo:
–Primero que todo, no. No le voy a quitar el carro a Andrés porque, como él sale de clases en la noche, le dije que se lo quedara él, así que me voy en metro. Y, segundo, ¿qué te importa a ti si yo me quiero comer un tubo entero de Pringles, más un chocolate y un helado? Y, ¿no se te ocurre que, quizá, solo me vaya a comer una pocas y el resto lo lleve a la casa?
Enzo sonreía mientras escuchaba a la joven. A lo que ella terminó de hablar el rio y dijo:
–Soooo, tranquila mujer.
–Ah, ahora soy un caballo –respondió Aurora, que estaba completamente a la defensiva.
–Mira, ¿cómo es que te llamas?
–Aurora –respondió ella.
–Aurora –repitió Enzo–. Mira, Aurora, ya yo me voy a mi casa. Tu casa no queda tan lejos de la mía, ¿quieres que te lleve?
–¿Es en serio? –Preguntó ella.
–No, estaba esperando a que dijeras que sí para decirte que era mentira. Sí, es en serio.
–Me sorprendí porque, después de que te dije que no eras famoso, pensé que me habías odiado instantáneamente.
Enzo negó con la cabeza y, como ya era su turno de pagar, sin decir nada, le arrebató a Aurora su tubo de Pringles y se dispuso a pagarlo junto con sus Lay’s.
–Gracias –dijo Aurora sorprendida.
Enzo no dijo nada. Pagó y, con la bolsa en la mano, le hizo a Aurora una señal con la cabeza indicándole que lo siguiera. Caminaron sin decir nada hasta el estacionamiento.
–Te voy a buscar en Google –dijo Aurora sacando su celular–, vamos a ver si apareces.
–Vamos a ver.
–Ay sí, como si no supieras, seguro te buscas siempre.
Enzo sonrió y le señaló a Aurora el carro, ella levantó la mirada y asintió.
–Ah, pero sí eres medio famoso –dijo mientras se montaba en el carro.
Cuando ya la joven estuvo dentro del carro, Enzo cerró la puerta y se dirigió a su respectivo asiento.
–¿Entonces? ¿Por qué dices que soy famoso? –Preguntó Enzo, ya encendiendo el carro.
–Bueno, porque cuando escribí “Enzo” en la barra, me apareciste de tercero y aquí salen fotos tuyas con tu libro y algunos artículos sobre ti.
Él no dijo nada más que un “sí…”.
–Está muy bien –dijo ella–. Te han entrevistado muchos medios, aquí veo…
Aurora se detuvo mientras recorría la pantalla del celular.
–Ajá, dos revistas, como cuatro periódicos, sale que te han entrevistado en programas de radio… ¡bien por ti!
–Parece más glorioso de lo que en verdad es –dijo Enzo, con sus lentes de sol, sin desviar la mirada de la vía.
–Poco a poco –fue la respuesta de ella.
Estuvieron unos minutos en silencio, cada uno comiendo de sus respectivas papas.
–Y, dime, ¿a ti te gusta leer? –Preguntó Enzo
Aurora respondió con un no muy convencido “sí”.
–No importa si no –explicó Enzo–. No pienses que porque soy escritor te voy a ver mal si no te gusta leer…
–Bueno, ahorita estoy leyendo “The Fault in Our Stars”.
–Está muy bien… –dijo él.
“Es lectora de best sellers. Quizá leyó Harry Potter y ya tendríamos tema de conversación para todo el camino. Vamos a ver…” se dijo Enzo en su mente, tras lo cual, habló:
–¿Y has leído Harry Potter?
–Leí el comienzo del primer libro, pero no me atrapó… Pero si leí la saga de Crepúsculo completa. ¿Tú leíste Crepúsculo?

Enzo apretó los labios y trató de disimular su sonrisa, mientras se decía en su mente:
“Nexttttt!”

–Leí el comienzo del primer libro, pero no me atrapó –fue su irónica respuesta.

Continuará…

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María Paulina Camejo

Escritora venezolana radicada en Miami. Licenciada en Historia del Arte y Literatura por la Universidad de Miami. Ha publicado la novela Beatriz decidió no casarse, la cual también fue publicada en inglés. Puedes comprar su novela en Amazon

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